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En un país con crisis de salud mental y de seguro médico, así como con racismo sistémico, evitar el tratamiento de la depresión posparto debido a su precio prohibitivo pone en peligro la vida de los padres.
Por  la Dra. Jessica Zucker
Traducido por Ana Cristina González I Foto: Getty Images
Elisha M., de 31 años, coordinadora de investigación clínica para ensayos clínicos de oncología, residente de Nueva Jersey, no puede expresar con palabras la alegría que sintió cuando cargó a su bebé arcoíris. Después de haber sufrido un aborto espontáneo, dice que se sintió “muy agradecida y emocionada” de tener por fin a su bebé, sano y prosperando. 
Sin embargo, su hijo también era inquieto y difícil de calmar. Antes de que fueran dados de alta del hospital, Elisha empezó a sentirse abrumada y a llorar sin cesar. Elisha nos cuenta: “Después de la primera semana con él, supe que lo que sentía era mucho más que el baby blues, o la tristeza posparto, porque sentía que quería rendirme. No quería ser una madre. Amaba mucho a mi hijo, pero también quería salirme de esto”.
De acuerdo con las investigaciones de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), una de cada ocho personas sufre síntomas de depresión posparto (aunque se cree que la tasa es más alta debido a la falta de información, educación y recursos de apoyo disponibles para las mujeres después del parto). En un país con crisis de atención a la salud mental y crisis de los seguros médicos, por no hablar del racismo sistémico generalizado dentro del sistema sanitario (que hace que la atención sea más inaccesible para las mujeres negras y morenas después del parto),  el tratamiento puede ser excesivamente caro o incluso completamente inalcanzable. 
“Cuando finalmente hablé con alguien sobre cómo me sentía, la terapia ya no era una opción viable para mí”, dice Elisha. “Empecé a pensar en autolesionarme”. Elisha dice que se tomó unas vacaciones de cuatro o cinco meses para poder concentrarse en sí misma y estar mentalmente presente. Recuerda que le cobraron casi 1.000 dólares a su seguro por una sola consulta médica.
“No podíamos permitirnos el lujo de que yo no trabajara, pero mi esposo me animó a hacer todo lo que yo sintiera que necesitaba y él se encargaría de lo demás”, explica. “Nos afectó económicamente durante un tiempo. Además, añadió más tensión a nuestra relación, aparte de la tensión que ya teníamos debido a la depresión posparto”. 
En promedio, los profesionales de la salud mental que ejercen en las principales ciudades de Estados Unidos cobran entre 75 y 150 dólares por una sesión de 45 minutos. Sin embargo, en lugares como Nueva York, por ejemplo, las tarifas pueden superar los 300 dólares por sesión. Si bien los costos de ciertos medicamentos para la depresión y la ansiedad posparto pueden variar ampliamente y dependen de la cobertura del seguro, un medicamento para la depresión posparto cuyo costo es de 34.000 dólares, que supuestamente proporciona un “alivio rápido”, demuestra lo caro que es el tratamiento de esta afección y lo inalcanzable que es para aquellos que no son adinerados. En 2017, el costo de la depresión materna ascendió a 14.200 millones de dólares, una media de 32.000 dólares por madre
Arden Cartrett, de 28 años, trabaja en el sector inmobiliario y acaba de comenzar una empresa de doulas para personas que han sufrido abortos espontáneos. Nos dice que pagó entre 150 y 200 dólares por sesión con un profesional de la salud mental cuando se dio cuenta de que tenía depresión posparto. 
“Cuando mi hijo cumplió seis meses, sentí un cambio”, dice Cartrett. “Había luchado contra la ansiedad, el sentimiento de soledad y la preocupación por la pandemia. La verdad es que ya no estaba segura de lo que se consideraba normal o anormal. Física y mentalmente, me sentía confundida y me costaba mucho seguir el ritmo de la vida”. 
Sin embargo, debido al elevado costo de la atención, Cartrett espació las sesiones de terapia, lo que afectó su salud mental. 
“Tengo un seguro, pero es un plan de salud con un deducible alto. Básicamente, esto quiere decir que pago los gastos por mi cuenta hasta llegar a cierta cantidad (que es alta). Entonces, debo pagar cientos de dólares por sesión de mi bolsillo, lo que lamentablemente limita la frecuencia con la que puedo usar ese recurso”, explica. “Sin embargo, en cuanto a la medicación, tomo un medicamento común que tiene un precio razonable”. 
Por supuesto, el costo de la depresión posparto no se limita a las finanzas de una persona, ni sólo se produce cuando una persona experimenta un nacimiento vivo. En mi libro I Had a Miscarriage: A Memoir, a Movement (Tuve un aborto espontáneo: una memoria, un movimiento), describo los costos de la depresión posparto con o sin un bebé. Dichos costos son físicos, mentales, emocionales y financieros.
Kayte de la Fuente, de 41 años, es una asistente administrativa de California que estudia Educación Inicial. Dice que su esposo y ella han gastado más de 100.000 dólares entre el tratamiento para la depresión posparto, acupuntura, análisis de sangre, medicamentos, sesiones con un quiropráctico y tratamientos de fecundación in vitro e inseminación intrauterina. Ha tenido tres abortos espontáneos en los últimos cinco años.
“No fue sino hasta que tuvimos más tratamientos fallidos de inseminación artificial que me di cuenta de la depresión que sufría debido a ese [primer] aborto y a todos los tratamientos ineficaces”, cuenta de la Fuente. Dice que también buscó “tratamientos no convencionales”, incluyendo un programa de 12 semanas (proporcionado por un amigo de un amigo) que se centra en encontrar a su niño interior, y también un grupo de apoyo en casos de infertilidad. El programa costaba 1.200 dólares y el grupo 200 dólares por sesiones de ocho semanas. El seguro no cubría ninguno de ellos. 
“Claro, ves todas las facturas y tratas de averiguar cuál será el próximo paso porque ya tienes esta carga financiera”, dice. “¿Sigues adelante?” ¿Cómo se puede luchar contra la depresión posparto y las diversas formas en que afecta a la vida (síntomas como cambios de humor, tristeza, ansiedad, culpabilidad, pérdida de interés o placer por las actividades, irritabilidad, inquietud, disminución de la concentración, sensación de agobio, problemas para dormir o todo lo anterior) mientras se gestiona también el costo económico?
Es una pregunta que tiene que hacerse cualquier persona que se identifique como padre o madre y que tenga dificultades, tanto si ha tenido un hijo vivo como si no: ¿Cómo puedo seguir adelante? ¿Puedo seguir adelante? ¿Cómo puedo encontrar la manera de seguir adelante?
En el caso de Kayte de la Fuente, la respuesta está clara: “Nos queda un embrión y no lo vamos a dejar olvidado”, dice. Sin embargo, le gustaría haber aprendido antes una lección vital sobre la depresión posparto:
“Tú lo vales”, dice de la Fuente. “Yo valgo cada céntimo y mi esposo también vale cada céntimo que hemos gastado en esta travesía. La depresión posparto es real, 100% real, y está bien pedir ayuda. No lo postergues porque vas a mejorar, lo que significa que vas a ser una mejor madre para tu hijo. Vas a ser mejor persona en general si recibes la ayuda que necesitas. Eres tu mejor inversión”.
Kayte de la Fuente espera que cualquier persona que experimente depresión posparto aprenda esta lección mientras lucha contra las imprevisibles olas de los trastornos perinatales y trastornos del estado de ánimo después del parto. 
Este artículo fue originalmente publicado en Parents.com

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