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Una mirada sincera, abierta y honesta de las luchas que atraviesan las madres cuando sufren de depresión posparto.
Por Jenn Sinrich
Traducido por Ana Cristina González I Foto: Getty Images
La depresión posparto encabeza la larga lista de tabúes de las futuras madres y madres primerizas. A pesar de ser relativamente común, la depresión posparto es ampliamente incomprendida. Afecta a un 10% o 20% de las madres primerizas. También afecta transitoriamente al 70% u 80% de las madres en la forma de “tristeza posparto” o baby blues, un trastorno menos grave y de corta duración.
“Como sucede con todas las enfermedades mentales, hay muchos estigmas y estereotipos con respecto a la depresión posparto, lo que hace difícil que las madres busquen ayuda o admitan que están sufriendo esta condición”, dice Crystal Karges, Máster en Nutrición y Dietética, Dietista Certificada, Consultora Internacional de Lactancia y especialista en salud materna en Crystal Karges Nutrition, que experimentó la depresión posparto en carne viva. “Muchos de los síntomas de la depresión posparto suelen ser malinterpretados o confundidos como parte de la “nueva maternidad”, cuando en realidad, pueden ser signos de una enfermedad más grave que justifica la intervención de profesionales”.
Gran parte de la discrepancia entre cómo se ve la depresión posparto y cómo es en realidad viene de la forma en que se pinta en los medios de comunicación y en la sociedad, especialmente en las redes sociales. Estamos acostumbrados a ver uno de los dos extremos: la madre feliz que se siente más que #bendecida de tener a su precioso bebé y que disfruta de cada momento #sinfiltro, y la madre profundamente rota que no puede dejar de llorar porque su mundo está patas arriba. Sin embargo, la realidad es que hay un espectro de síntomas que se encuentran en el punto medio y que son mucho más sutiles. De hecho, muchos de ellos son propios de la madre que los experimenta. En otras palabras, los síntomas no son siempre genéricos.
Por ello, el término “trastornos del estado de ánimo y de ansiedad en el período perinatal” se está convirtiendo rápidamente en la denominación estándar cuando se habla de las condiciones de salud mental materna. “Estos trastornos se refieren a un grupo de síntomas de salud mental que ocurren antes y después del parto, que persisten hasta un año o más, y que se caracterizan por cambios en el estado de ánimo que pueden interferir con la capacidad de la mujer para manejar las tareas cotidianas, incluyendo el vínculo con su bebé”, dice la Dra. Patricia De Marco Centeno, psiquiatra especialista en reproducción y directora médica del Programa de Salud Mental Materna del Hospital Hoag en Newport Beach, California.
Para comprender mejor cómo se manifiestan los síntomas de la depresión posparto y cómo son en realidad, nos pusimos en contacto con mujeres que han sufrido y superado esta afección. Estos son los síntomas más comunes de la depresión posparto, basados en sus experiencias.
Ansiedad
La gran mayoría de las madres primerizas sienten ansiedad y pánico. Estos sentimientos pueden ser bastante intensos, no sólo por las fluctuaciones hormonales relacionadas con el parto, sino también por el impacto que supone traer una nueva vida al mundo y la responsabilidad que conlleva, explica la Dra. Elyse Weinstein, psiquiatra y copresidenta del Departamento de Salud Mental de Kaiser Permanente en San Rafael, California. En el caso de Rebecca Conklin, madre de cuatro hijos, residente de Tampa (Florida), controlar su nivel de ansiedad y estrés era una batalla diaria. “Si la bebé lloraba, mi corazón empezaba a acelerarse. El simple hecho de conducir el auto con ella me provocaba un ataque de pánico”, expresa. “Si ocurría algo inesperado, no importaba si era grande o pequeño, me daba un ataque de pánico”.
Kristin White, madre de dos hijos, residente de Gig Harbor (Washington), también sufrió ataques de pánico por la ansiedad posparto, tan debilitantes que tuvo que ir a urgencias en varias ocasiones. “Tenía temores irracionales constantemente, tales como un accidente de coche mortal, que mi hijo fuera secuestrado por una niñera o que yo muriera y dejara a mi hijo sin madre”, dice. “Me daba cuenta de que no eran pensamientos normales, pero a veces eran como un video que se repetía y se repetía”.
Pérdida de interés por los hobbies o actividades
Muchas madres que sufren de depresión posparto son propensas a dejar de hacer actividades que antes les resultaban agradables, como correr, hacer yoga, escribir un diario, pasar tiempo con las amigas o arreglarse las uñas. Evidentemente, llevar a cabo estas actividades es más difícil cuando se cuida a un recién nacido las 24 horas del día, pero es preocupante si el interés se reduce drásticamente. “Si una mamá solía tener mucha energía y sentía alegría con lo que hacía, pero ahora no siente alegría al hacer las cosas que solía disfrutar, es un signo de depresión posparto”, dice Mary Ann Block, Osteópata, Asociado Médico y directora médica de The Block Center.
Vanessa Gordon, madre de dos hijos, residente de Sag Harbor (Nueva York), no tenía ningún interés en hablar o ver a nadie e ignoraba las llamadas telefónicas, los correos electrónicos y los mensajes directos cuando tuvo su primer bebé. “No me interesaba nada que fuera divertido porque sentía que no era digna”, dice. “Incluso fue difícil celebrar el cumpleaños de una amiga dos semanas después de que naciera mi bebé. Al final no fui porque no me sentía digna de tener una amiga”.
Irritabilidad y cambios de humor
Es difícil mantener el equilibrio cuando no se duerme bien. Sin embargo, de acuerdo con la Dra. Blocker, los cambios drásticos y bruscos de humor y la sensación de no poder controlar las emociones suelen ser señales de depresión posparto. Gordon describe esto como una sensación de que todo el mundo esperaba algo de ella. “Cualquier cosa podía desencadenar esta sensación. Por ejemplo, que mi bebé necesitara un cambio de pañal y yo tuviera que levantarme enseguida, o que me dijeran que necesitaba dormir o que necesitaba ayuda”, dice. “Cualquier desacuerdo, fuera grande o pequeño, desencadenaba mi irritabilidad”.
Episodios frecuentes de llanto
Los ataques repentinos de llanto suelen estar asociados a la nueva maternidad, en parte debido a los desequilibrios hormonales asociados a las semanas posteriores al nacimiento. Sin embargo, suelen durar más tiempo en las mujeres con depresión posparto. Además, muchas veces las madres con depresión posparto lloran sin ningún motivo concreto. Entre las muchas cosas que hicieron llorar a Karges después de tener a su bebé, la mayoría eran cosas que nunca le habrían molestado antes, como quedarse sin leche o no poder encontrar algo que buscaba. “Simplemente me echaba a llorar y me sentía abrumada por mis emociones”.
Ira y rabia
Junto con los sentimientos de irritabilidad, muchas madres señalan que sienten arrebatos intensos de ira que pueden durar horas. Karges explica que este síntoma es bastante común y se manifiesta en episodios de ira dirigidos a una misma, a otros miembros de la familia o incluso al bebé. Por ejemplo, White llegó a sentir rabia por personas al azar con las que se cruzaba en su día a día. “Si alguien no respondía a mi correo electrónico en el trabajo, si sentía que una cajera me irrespetaba en el supermercado o si mi esposo no llenaba el lavavajillas correctamente, sentía el fuego dentro de mí y me daban ganas de golpear y gritar”, dice. “Desafortunadamente, mi hijo experimentó parte de esta rabia cuando no hacía cosas ‘normales’ de un niño pequeño, como subirse a su asiento en el auto”.
Sentirse desconectado del bebé
La Dra. Weinstein explica que la falta de interés por el bebé o sentir ansiedad debido al bebé pueden ser algunos de los síntomas más preocupantes tanto para la madre como para la familia. “Es difícil para todos los implicados entender que son síntomas y no una indicación de la capacidad de la madre”, dice. “Se relacionan con el nivel de depresión y la falta de capacidad para desempeñar ciertas actividades. También pueden surgir a causa de la profunda falta de sueño y la ansiedad que se produce con la depresión posparto”. Karges describe que se sentía como si se limitara a atender a su hija y sus necesidades, pero sin sentirse emocionalmente conectada a ella. “Muchas veces había oído a mujeres que describían el amor y el afecto inmediatos que sentían por sus bebés, pero eso nunca me ocurrió a mí”, dice. “En lugar de reconocer que estaba pasando por un grave problema de salud mental, me culpaba por ser una mala madre”.
Culpa intensa
La Dra. Weinstein explica que es normal que las madres y los padres primerizos sean críticos consigo mismos. “Quieren imitar lo que hicieron sus propios padres o criar a sus hijos de forma diferente a como ellos mismos fueron criados”, dice. “La madre puede sentirse derrotada, como si no estuviera haciendo nada bien”. En el caso de la Dra. Anna Yam, especialista en salud mental perinatal en Bloom Psychology, que sufrió la depresión posparto en carne propia, la culpa fue el síntoma más difícil de digerir. “Me sentía culpable por querer alejarme de mi bebé y por no tener suficiente energía para darle la ‘estimulación adecuada’“, nos cuenta. “Me sentía culpable por no haber ‘disfrutado’ su etapa de bebé recién nacida”.
Conklin también recuerda haber sentido un inmenso sentimiento de culpa y vergüenza, sobre todo después de gritar o enfadarse con su esposo o sus hijos. “Se convirtió en un círculo vicioso que hizo que me hundiera más en la depresión”, dice. “Cuanto mayor era mi descontrol emocional, más sentía que les estaba fallando a mis hijos”.
Falta de sueño o demasiado sueño
La mayoría de las nuevas madres tienen dificultades para dormir, sobre todo en los primeros meses. Sin embargo, la Dra. Weinstein explica que algunas madres tienen problemas de sueño causados por la depresión o la ansiedad. “Su cuerpo no las deja dormir o su mente no puede descansar, lo que puede hacer que se preocupen más y piensen hasta en las cosas más pequeñas”, dice. “Esto puede ser bastante preocupante e interferir en el desempeño”. Si bien White no tenía problemas en quedarse dormida, recuerda que se despertaba cada tres o cuatro horas incluso cuando su bebé estaba dormido en la cuna. “Me despertaba con ansiedad. Siempre pensaba en lo que tenía que hacer y en casos hipotéticos (¿qué pasa si mi bebé muere, qué pasa si mi esposo me deja, qué pasa si tengo cáncer?)”, dice.
Cambios en el apetito
“Cuando alguien está deprimido o ansioso, puede comer en exceso, por nerviosismo o para sentirse mejor, o perder totalmente el apetito”, explica la Dra. Weinstein. “El estado de alteración les quita el apetito y, en algunos casos, puede ser que no se cuiden porque no tienen motivación ni energía para hacerlo”. En el caso de White, comía más de lo habitual y tomaba varias tazas de café en un intento de mitigar su apetito. Nos cuenta que “aprovechaba la hora de la siesta como excusa para comer un segundo almuerzo mientras veía los programas de entrevistas diurnos”.
En el caso de Gordon, esto se manifestaba en una incapacidad para comer carne ya que se sentía culpable si lo hacía. “Algunos días, era tan grave que apenas podía servirme un vaso de jugo. Levantarme de la cama era una verdadera hazaña”.
Sentimientos de desesperanza y aislamiento
Muchas madres primerizas que sufren depresión posparto dicen que se sienten como si estuvieran en una isla y sus seres queridos simplemente no “entienden” por lo que ellas están pasando. Además, los síntomas de la depresión posparto hacen que a las madres se les dificulte relacionarse o comunicarse con sus seres queridos. Emily Merriman, madre de tres hijos, residente de Chicago, sentía que nadie iba a entender lo que le pasaba. “No quería salir de casa ni hablar con nadie por miedo a que pensaran que yo tenía un problema grave”, dice. “Incluso cuando mis amigos decían que lo entendían, yo sentía que era imposible que supieran lo que me pasaba”.
¿Cómo obtener ayuda?
A pesar de lo común que es la depresión posparto, en especial los síntomas menos graves como la tristeza posparto, muchas madres sufren solas o se sienten avergonzadas. “Cada mujer experimenta los síntomas de forma diferente. Por eso, es fundamental pedir ayuda o hablar con alguien si sientes que algo no va bien”, dice Karges. “Puede que te sientas preocupada, avergonzada o asustada de admitir los síntomas que estás experimentando, pero recuerda que estos síntomas no definen quién eres como mujer y madre”. Hay ayuda y recursos profesionales disponibles para apoyarte en esta travesía, para que puedas disfrutar mejor de la primera etapa de la maternidad. No te avergüences de pedir referencias a tu obstetra o al pediatra de tu hijo. Al fin y al cabo, su trabajo es cuidar de ti y de tu bebé.
Este artículo fue originalmente publicado en Parents.com

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